miércoles, 20 de junio de 2007

Rol del periodista a propósito de TINTA ROJA


Este fue un trabajo hecho para la Universidad. Sin embargo, lo publico porque me identifico con él. De alguna manera, aquí intento responderme a las preguntas que tienen que ver con la profesión que estudio. De alguna manera, intento tranquilizar mi futuro (jeje).

Qué más cotidiano que ver una película. Y que más cotidiano que reflexionar... por eso este trabajo


Tinta Roja es un documento testificante de la batalla entre lo pragmático y lo académico. Dispone sobre la mesa los elementos suficientes para discernir entre las exigencias del trabajo y la moral y ética de las aulas de clases. Por momentos, cuesta ser periodista. Esa parece ser la consigna de una película que, en su conclusión, casi como un contrasentido, deja más dudas que certezas. Dudas, claro está, que deberán ser asumidas y reflexionadas por el espectador. Dudas, por otra parte, que guiarán esta pequeña reflexión.

Es difícil asumir que el papel de los protagonistas del film sea el estereotipo de los periodistas: primero, el que lleva años en la profesión y conoce más por la experiencia que por los libros; segundo, un muchacho lleno de vértigo y expectativas, propio de un estudiante, que piensa que la teoría debe guiar la práctica de su profesión. ¿Hasta que punto, entonces, sirve el sacrificio académico? ¿Es realmente el periodismo como la prostitución? ¿Se lo aprende en las calles? ¿Se busca informar o entretener o vender? ¿Es el periodismo la búsqueda de la verdad? ¿Estamos concientes, los que pretendemos trabajar en la profesión, del poder de los medios de comunicación? Se suma, de manera casi inmediata, a esta fila de interrogantes, una más: quizá la más complicada de responder, pero al mismo tiempo la más necesaria de esclarecer. ¿Qué es la ética periodística? De lejos, da la sensación que esta pregunta se matiza entre un conflicto moral, propio del debate del bien y el mal aristotélico, y la necesidad de cumplir un trabajo que muchas veces significa una forma de supervivencia.

Los medios de comunicación se han convertido, y esto ya es una obviedad, en una institución de poder no reconocida. Los medios saben que la exposición de los hechos a través de sus canales son la única garantía de que los acontecimientos, a los ojos de toda la comunidad, existan. Tal barbarie, hace de los medios una especie de gran juez. Y, como un juez, el medio trata de mantener la objetividad frente a los sucesos. Sin embargo, cómo hacer para que un medio, hecho de personas, pierda la subjetividad. Los lineamientos periodísticos de un medio varían, justamente, porque están conformados por personas con ideales y principios distintos: algunos con intenciones más comerciales que otros, pero todos, sin exclusión, con la convicción de que esto es un negocio. De no ser así, todos los medios masivos de comunicación tendrían la misma tendencia y objetivos.

No es necesario investigar mucho para determinar que quien maneja las ideas de una sociedad controla el destino de la misma. La influencia ideológica de la masa ciudadana es un arma medible únicamente al calor de los hechos: se percibe poco su poder hasta que sus objetivos son logrados (pregúntese esto a presidentes derrocados). ¿Cómo, entonces, toda una masa ciudadana se moviliza bajo los mismos principios e ideales? Necesitan un canalizador que sintonice y agrupe las ideas: el trabajo idóneo de un medio de comunicación. Este planteamiento, alguna vez sugerido por Mateo Requesens[1], propone entonces que los medios de comunicación son quienes, en resumen, dirigen los destinos de una masa ciudadana. A priori, esta idea podría sonar exagerada. Sin embargo, de seguir con el lineamiento de Requesens, podemos preguntarnos en qué medida, periódicos como “El Clamor” son un reflejo de las sociedades latinoamericanas. ¿La manera de hacer periodismo en nuestros países es análoga a nuestra cultura? Si aceptamos esto, entonces se admite que le medio de comunicación es un hacedor de culturas.

El papel de los medios es, pues, el de guiar, informar, y sí, también vender. Objetivos que entran en categorías distintas pero que a la vez son indispensables para que un periódico, un canal de televisión, una radio o una página de internet sobrevivan en estos tiempos modernos. Los medios de comunicación deben exponer los hechos, a riesgo de que la comunidad asuma que lo no expuesto no existe. En resumen, y de manera pragmática, ese es el papel de los medios de comunicación.

La controversia surge en el cómo desempeñar ese papel. Porque al hacerlo de maneras no convenientes, el medio puede asumir otro rol que no es propio de él: el ser un juzgador de los hechos. El cómo, entonces, es una manera de determinar la ética del periodismo. No obstante, tal menester implica, a grandes rasgos, que todos quienes estén involucrados en la profesión coincidan en una única manera de comportamiento del periodista y del medio en sí. Está claro que esto no sucede ni sucederá. ¿Cuál es la ética, entonces? ¿Es una sola o se admiten varios cómos, varias maneras de hacer periodismo?

Por el momento, y con la necesidad de encontrar una respuesta para la tranquilidad de quien escribe esta reflexión, podemos decir que la ética periodística es estar, precisamente, conciente de lo difícil que es definirla. Estar conciente, además, de todo lo expuesto antes: del poder de los medios de comunicación, de su papel masificador, de cómo es visto por la comunidad, de su importancia como decidor de los hechos importantes y poco importantes. La ética consiste en dar cuenta de esto cuando se ejerce la profesión.

Seguramente el debate será aún eterno. No obstante, ser periodista significa ver el problema desde adentro. Significa tener en sus manos un poder inimaginable para que las masas ciudadanas convivan de mejor manera en una sociedad que ve, inconcientemente, en los medios, un instrumento modelador de sus ideales.
El rol y ética del periodismo está, seguimos buscando la respuesta, en saber usar ese poder. Está en asumir esa responsabilidad. Está, de alguna manera, en saber gobernar ese poder que todos los medios lo tienen, pero que muchas veces pretenden ignorarlo.

[1] Catedrático y periodista español. Director de “Mundo Digital” periódico web.

2 comentarios:

carolina dijo...

hola me gustó muxo lo que comentas sobre esta pelicula, y el enfoque q utilizas.. me gustó mucho sinceramente. yo igual estudié comunicación y me encanta!!

Rupert dijo...

Muchas Gracias! Abrazo!